Para quienes no lo sepan, Cantillana vive su fiesta con mucho fervor y con un enorme respeto por la tradición. Nuestro trabajo desde Montero & Cabana ha sido sumar, aportando valor: dar presencia a los lanceros y hacerlo con rigor histórico y acabado fino y minucioso, el que nos caracteriza.
Han sido cinco meses muy intensos de trabajo: investigación, pruebas, compras de materiales, prototipos, ajustes y confección. Y a los hechos nos remitimos, ya que antes de cortar el tejido definitivo hicimos tres prototipos completos para cada niño para clavar patrón, caída y comodidad. Cuando todo estuvo como debía, pasamos a taller.
El 17 de junio cerramos la confección en taller, con todo listo, y tres meses más tarde, el 17 de septiembre, presentamos los diseños en Cantillana. Orgullo total.
Tomamos como referencia la moda francesa del siglo XVIII: líneas limpias, estructura clara y detalles donde toca. Teníamos una premisa inicial muy importante: histórico sí, incómodo no. Son niños; debían moverse bien. Ajustamos sisa, hombro, tiro y largos hasta que las prendas acompañaran y no apretaran. ¡Y lo clavamos!
Utilizamos Mohair francés auténtico para las piezas principales: resistente, con buena mano y presencia. Los bordados, en oro, con piedras y espejuelos para realzar sin excesos. Rematamos el diseño con encajes de tul bordado antiguo y bordados traídos desde Bruselas. Y para las camisas elegimos batista de algodón, con puños adornados y corbatín con blonda a juego. Nada de “parecido a”, aquí todo es material de calidad y muy bien trabajado. Y justo en este punto queremos puntualizar que el diseño de los bordados también fue creación propia, resultado de la maestría y creatividad de Beatriz Montero.
El proceso de creación fue el de un taller que se toma las cosas en serio: prototipado (nada menos que tres prototipos por modelo) y pruebas en niño para corregir cualquier imperfección. Una confección limpia por dentro y por fuera, colocación de bordados y encajes con criterio para que luzca al sol y a pie de calle. Y para rematar, una última ronda de movimiento real (subir, bajar, girar) para asegurarnos de que nada tira y todo queda en su lugar.
Orden, presencia y autenticidad. No es lo mismo “disfrazar” que hacer un traje bien hecho, pensado para esta tradición y estos niños. Nuestra idea fue traer el pasado al presente con la mayor fidelidad posible y un acabado actual: resistente, cómodo y bonito de verdad.
En resumen, para mí, Beatriz Montero, y para todos los que formamos parte de Montero & Cabana ha sido un honor y todo un orgullo. Trabajo serio, mucho detalle y un equipo volcado. Hemos puesto cabeza y manos, y también corazón, que aquí cuenta ¡y mucho!. Ver a los lanceros formados, bien vestidos, y a la gente de Cantillana contenta, merece cada hora de trabajo invertida.